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miércoles, 4 de diciembre de 2019

PREMIO AL MEJOR PROYECTO EDUCATIVO


En la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación 2019, celebrada hace pocos días en Qatar, se entregó el premio al mejor proyecto educativo del mundo, un premio del cual se han hecho eco los medios de comunicación. El premio recayó en el proyecto liderado por el profesor Larry Rosenstock, fundador a modo experimental de la escuela High Tech High de San Diego (Estados Unidos), como una respuesta a la preocupación del Departamento de Educación del Gobierno americano por combatir el fracaso escolar. Este centro privado, sufragado con fondos públicos, se ha convertido en un referente en innovación educativa.

El premiado ha manifestado que el reconocimiento reafirma dos de sus principales convicciones: la potencialidad del aprendizaje por proyectos y la respuesta positiva de los adolescentes cuando tienen la oportunidad de aportar un trabajo al que le encuentran sentido. Nada nuevo en la literatura pedagógica y algo que supone romper con maneras de hacer que ya no resultan adecuadas en un siglo donde la información está en todas partes y en el que se requiere el desarrollo de competencias para resolver problemas. Nada nuevo pero un enfoque que sigue encontrando muchas resistencias.

miércoles, 13 de marzo de 2019

TEORÍA Y PRÁCTICA


Siguiendo con los temas propuestos para mejorar una enseñanza universitaria (entradas de este blog del 13 y del 27 de febrero del 2019), hoy hago referencia a la relación entre teoría y práctica. Los y las estudiantes a menudo se quejan del carácter poco práctico de las enseñanzas y les cuesta ver la relación entre la teoría y la práctica. No existe una práctica que no se base en una teoría -a menudo, implícita- y la teoría se construye basándose en los conocimientos obtenidos del análisis y la reflexión sobre la práctica. Esta relación, sin embargo, muchas veces no se visibiliza suficientemente. En las enseñanzas más claramente profesionalizadoras esta relación entre teoría y práctica debería ser aún más visible, si cabe. La Universidad forma para ejercer una profesión y un profesional se define, además de por otras características, por la capacidad de tomar decisiones con autonomía y por ser competente para afrontar los retos propios de su práctica profesional. Tanto para poder tomar decisiones de manera autónoma como para ser competente es indispensable una formación donde la práctica y la teoría estén bien entrelazadas.

En el análisis que hice referido a una enseñanza específica, como puntos fuertes destacaba la sensibilidad por parte de mucho profesorado para incluir la vertiente práctica en las asignaturas, el valor que se otorgaba al prácticum y su remodelación para que cumpla mejor sus funciones claves y la potencialidad del trabajo final de grado por su vertiente de aplicación. Como cuestiones que quizás se podrían mejorar hice referencia a la existencia de asignaturas muy teóricas, sin relaciones con la práctica; la percepción por parte de los estudiantes de la falta de relación entre una teoría descontextualizada y lo que ellos y ellas consideran la realidad; la detección en el trabajo de final de grado de carencias en el logro previo de algunos contenidos, aunque estos contenidos a menudo se han impartido a lo largo de la titulación; el reto de aprovechar el prácticum para trabajar con las y los estudiantes a partir de sus experiencias para analizarlas aprovechando los contenidos de carácter teórico de varias asignaturas. Mejorar la relación entre teoría y práctica en el proceso de enseñanza y aprendizaje no parece una cuestión sencilla porque es un tema recurrente pero hay que abordarla, empezando por alguno de los puntos que se podrían mejorar. Quizás una buena manera sería empezar por ver cómo se puede potenciar la relación entre las vivencias del prácticum y los contenidos de varias asignaturas.

miércoles, 21 de febrero de 2018

EL INICIO DE UNA ASIGNATURA



He empezado la docencia en una asignatura de grado, en la Universidad. Lo primero que hemos hecho es un intercambio de expectativas (trabajo individual, en grupo y puesta en común) respecto de qué se espera de la asignatura, cuál se cree que debe ser el papel del docente y cuál el papel del estudiante para favorecer el proceso de aprendizaje. A continuación (las clases son de dos horas) hemos empezado a analizar el programa de la asignatura: una primera actividad ha consistido en leer en pequeño grupo la primera parte del programa, en la que se plantean consideraciones sobre las intenciones formativas de la asignatura, y extraer ideas clave y ponerlas en común; las hemos ido anotando en la pizarra: diseñar / analizar, competencias, aprendizaje (cambio), cuestionar, predisposición (motivación), estrategias, fundamentación (conocimiento académico) y relación con el binomio teoría / práctica, acompañamiento. Después, también en pequeño grupo con posterior puesta en común, han analizado los objetivos de aprendizaje de la asignatura y han identificado, para cada objetivo, si se refería al aprendizaje de conocimientos, de habilidades o procedimientos o / y de actitudes.

Estas actividades forman parte de la fase inicial de la secuencia formativa. Pretenden compartir una evaluación inicial (qué pensamos y qué esperamos) y favorecer que los estudiantes se apropien de las intenciones de la asignatura. A veces se da poca importancia a esta fase inicial y tiene mucha si realmente creemos que nuestro papel es acompañar al estudiante en la construcción de su aprendizaje. En la próxima clase seguiremos analizando el resto del programa.